La chef Denise Monroy se presenta en Raíces

Toda comida es capaz contar una historia. La de Denise Monroy, propietaria del restaurante Elektra, dice que ella encontró en los vegetales una nueva forma de bienestar a través de la comida.  Es la razón por la que en él les rinde homenaje.

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Denise Monroy e Inés Páez (Chef Tita). (FUENTE EXTERNA)

“El propósito de mi restaurante es visibilizar los vegetales y toda la diversidad que tenemos en Colombia, quitando el estigma de que la cocina vegetal es aburrida, que no es rica, ni sabrosa, ni te hace feliz y que una propuesta como la de Elektra no necesariamente tiene que ser encasillada en una dieta: vegana o vegetariana”, nos dijo la chef colombiana durante su estancia en República Dominicana, como parte del proyecto Raíces, que desarrolla la chef Tita en su restaurante Morisoñando.

Denise nos contó que el primer plato que le llegó a la cabeza cuando habló con la chef Tita:  un plato que ella describe como aromático, sabroso y delicado, el cual tiene en su preparación marañón (cajuil) y cilantros, que son ingredientes que muy usados en ambas naciones.

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Los comensales de esa noche disfrutaron de un menú hecho a cuatro manos a base de plantas. (FUENTE EXTERNA)

La propuesta fue ganadora en un “docu-reality” en el que participó en Colombia, junto a 13 cocineros que viajaron por diferentes territorios, la mayoría muy olvidados y desconocidos. “A mí me tocó una localidad llamada Vichada, con frontera con Venezuela. Yo hice un plato presentando al marañón que es un producto endémico de ese lugar y del que se puede sacar provecho de la fruta y de la almendra.

Nos confesó que hasta su llegada a Santo Domingo no había probado la gastronomía dominicana y al estar aquí y degustarla, se dio cuenta de que su país y la del nuestro tienen similitud en algunas cosas, platos con mezclas de ingredientes parecidos pero cada uno con su toque propio que habla sobre su procedencia.

Una etapa de aprendizajes

 

Durante la entrevista realizada en Morisoñando, aprovechamos para saber un poco más sobre ella y algo de la vida de la chef Denise Monroy, como la simbología de sus tatuajes, especialmente una cuchara en el antebrazo, que significa su cura de la anorexia; así como olivos que decidió grabarlos en su cuerpo luego lograr consumir aceite de oliva, que fue uno de los alimentos que le costó reintegrar a su dieta.

Previo a esa condición de salud estudió artes plásticas y fotografía; luego quiso conocer la cocina que se vincula con las otras por tratarse de arte y que permite hacer muchas cosas, entre ellas contar historias, dijo.

La razón que la llevó a interesarse por la cocina fue que padeció desórdenes alimenticios, en su proceso se hizo vegetariana, pero mientras estudiaba nutrición se dio cuenta de lo que estaba haciendo con su cuerpo por lo que decidió alimentarse con lo que le gustaba comer y lo que le hacía bien: “los vegetales estaban más cercanos a mí y a lo que me gustaba comer. Pienso que fue el mejor camino para comenzar a construir otra vez la alimentación en mi vida”.

Sin embargo, ya ella no sólo consume comida vegetal. En esta etapa de su vida come y disfruta la proteína, lo anterior fue una época que considera muy linda, en la que disfrutó los vegetales y que simbolizó un espacio de acercamiento con ellos y su diversidad. “Gracias a esa diversidad y encontrar tantos sabores, sobre todo mientras aprendía a cocinar, lo hice con los vegetales y por eso tengo una cercanía tan fuerte con ellos y es la razón por la que le quise hacer un homenaje con el restaurante”.

En la cocina ella encuentra acercamiento al alimento. “Gracias a ese proceso en mi vida, pude aprender a cocinar, a entender al ingrediente… prácticamente aprender a cocinar me salvó y eso salvó mi vida”, expresó.

Pero no es una cocina cualquiera, su ADN artístico le hace encantarse en la creación de platos a través de historias, lugares y personajes.

La historia de esta joven profesional tiene varias particularidades que no se acaban aquí. A pesar de ser muy común que los cocineros profesionales conecten sus creaciones con algún momento de su infancia y su hogar, en el caso de Denise es distinto. No tiene. “Estuve muy aparte de la cocina, lo que recuerdo es hacer café para la visita, nunca pude hacer arroz porque quedaba como una sopa o se secaba y se desaparecía… en cuanto a mi abuela que era de Santander, lo único que recuerdo es el bocadillo de guayaba, un dulce duro envuelto en hoja de plátano, que hacía una fábrica propiedad de unos amigos de ella”.

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